Quizás por mi naturaleza, suelo bucear en las profundidades; para bien o para mal, nunca me quedo en la superficie. Cuando asistí por primera vez a un taller de Constelaciones, sentí que la mirada de Hellinger encajaba perfectamente conmigo. Aunque también se puede hacer Constelaciones para revisar temas de menor trascendencia, su punto fuerte son tratar asuntos profundos, los grandes temas de la vida (muertes, separaciones, abortos, traumas…).

Después de algunos años de hacer constelaciones, he ido confirmando que requieren cierta seriedad y profundidad.  Sin embargo, mi mirada ha ido cambiando (y, por supuesto, seguirá cambiando) en cuanto al efecto que tiene en una persona el hecho de hacer una Constelación. La parte más “mágica” y sorprendente que les veía, ha ido retrocediendo, para darle espacio a una mirada más “humana”.

Es cierto que tienen un punto místico o inexplicable (probablemente, desde la teoría de los campos mórficos de Sheldrake), y que por ese motivo, la tentación de creerlas “mágicas” es muy grande. Pero aún viendo esto, no podemos delegar nada en una Constelación como no podemos hacerlo en ninguna terapia. Las propias Constelaciones son una invitación a trascender nuestra niñez y nuestro anhelo de cercanía con nuestros padres, por lo tanto, no te acerques a ellas como si fueras un niño. La responsabilidad de sanar o cambiar es enteramente tuya.

Las Constelaciones Familiares se han difundido en muchos países, muchos ámbitos (empresas, escuelas, etc.), y detrás de todo ello, quienes trabajamos en este sector, nos encontramos con dos imágenes que, juntas, pueden hacer explosión y diría que hasta son peligrosas:

  • Personas que necesitan magia para vivir sus vidas o para transitar el dolor y el sufrimiento, y eso se traduce en necesitar maestros o ídolos que hagan magia (o que “vendan” magia) les digan qué camino seguir, o que les den la sensación de pertenecer a una tribu.
  • Por el otro lado, terapeutas-consteladores, que se colocan en un rol de “magos” o “maestros”, adquieren una postura fija, casi actuada o imitativa.

La unión de estas dos figuras se sintetiza en la frase: “siempre hay un roto para un descocido”. Aparece la tendencia a convertir a las constelaciones en un objeto más de “consumo” en el mercado terapéutico.

Pero es necesario decir:

  • Que las constelaciones quizás tengan un punto “mágico”, pero no son magia en el sentido de proveer “pastillas para la felicidad”.
  • Que el mejor Constelador es extremadamente respetuoso y humilde, y jamás imitaría a un maestro o a un mago.

Por lo dicho hasta ahora, he creado 5 puntos en forma de consejos/advertencias que quisiera transmitir:

  1. Las Constelaciones Familiares son muy poderosas, pero cuidado con ceder el poder a una terapia, o a un terapeuta, sobre la “sanación” o el “desarrollo” personal/familiar.
  2. Las Constelaciones Familiares son una excelente herramienta para resolver problemas, pero  es un punto de partida, no un punto de llegada. Digamos, la Constelación propone y el cliente/consultante dispone.
  3. Existen consteladores familiares que utilizan la “confrontación” como una herramienta de ayuda hacia el cliente. Muchas veces el propio Hellinger lo hace, desde su profundidad y excelente precisión. Esto muchas veces nos molesta, porque nos duele en el ego, pero en el fondo, el terapeuta nos está queriendo ayudar. Otro tema, que está separado por una delgada línea con lo dicho, es el Constelador familiar que imita una postura confrontativa, olvidando que está ofreciendo un servicio, y que el objetivo de su trabajo es que el cliente dependa lo menos posible de él.
  4. Por lo general (aunque esto es algo muy personal) desconfío de todas las personas que quieren convencerme sobre lo que yo misma necesito. Una cosa es que alguien te sugiera algo con humildad, porque realmente quiere ayudarte, y otra muy diferente es que alguien quiera imponerte su ayuda.
  5. Las Constelaciones son una excelente herramienta, ni más ni menos. No son ni la única herramienta ni la única solución. No es necesario fanatizarse, ni obsesionarse. Las Constelaciones nacieron en un contexto histórico, social, político, científico… probablemente de aquí a algunos años o décadas el panorama se amplíe, podamos comprender mucho más sobre qué pasa en una Constelación, y probablemente también podamos darnos cuenta que hemos cometido muchos errores. Seamos cautos.

Vivir la vida con simpleza. Al fin y al cabo, recoger flores en el campo, o inspirarnos con buena música todos los días, o jugar a la pelota, puede ser tanto o más “sanador” que una Constelación. Aunque igual nunca lo sabremos…

Si te comprometes con…

…Tu creatividad,

…Tu momento presente,

…El adulto que eres,

…Dejar atrás las ilusiones,

…Sostener el dolor de no poder ser el héroe de tu familia…

Estarás creciendo y estarás sanando. Eso es lo más importante, más allá de que hagas o no hagas Constelaciones familiares.

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